Escritos de una tameña!!!

  E P O C A S   P A S A D A S

Tomaré como punto referencial esa época en que aún no sabía que todo era el resultado de la edad, de la razón y del progreso, capaz de adoptar aquello que no exigiere imaginación.

Lástima que en nuestro país, con las maravillosas inflexiones del lenguaje, que expresa los más sutiles matices del alma humana, con una increíble sensibilidad ética, con todos los valores y los elementos para ser un paraíso cultural y espiritual, un verdadero recipiente de civilización; se volvió al contrario un infierno gris amarillento, con un dogma materialista y gastado, y patéticas ansias de consumismo.

Mi generación de alguna manera se salvó. Emergíamos de entre los desechos de la guerra; siendo chicos entramos a la escuela y a pesar de toda la basura pretenciosa que nos enseñaban, el sufrimiento y al principio la pobreza eran bien visibles a nuestro entorno. Y es que las necesidades no se pueden cubrir en la página de un libro, con una sola manta. Las ventanas del pueblo permanecían vacías, como las órbitas de un cráneo. A pesar de que éramos pequeños, percibíamos las tragedias. Algún libro de chistes inocentes nos distraía, después volvíamos a reír estúpidamente, pero ya no era lo mismo.

A medida que pasaba el tiempo, sentíamos una extraña intensidad en el aire, casi fantasmagórico, éramos jóvenes, éramos niños. Nuestras pertenencias eran unas bicicletas, algunas muñecas y una pelota que compartíamos entre todos cuando salíamos al parque; nuestros abrigos y en general nuestra ropa de diario era mandada a hacer. Como se vivía modestamente, compartíamos las habitaciones con respeto y cariño.

Nuestros paseos consistían en recorrer almacenes viejos, terraplenes de los ríos, subirnos en bancas tiesas y húmedas de los pocos jardines que habían en el pueblo, caminar por las calles llenas de papeles, latas y deshechos de la gente, paseos que a nuestra edad eran maravillosos pues dicen por ahí que todo niño se distrae con cualquier cosa y nosotros éramos niños.

Los llamados Estímulos materiales no existían para nosotros, pues nuestros padres andaban demasiado ocupados en sus cosas, que no tenían tiempo para bobadas como solían decir ellos mismos. Creo que de todos mis hermanos y hermanas, siempre sobresalí por el gusto a la lectura, fui creciendo con la lectura y mis conversaciones giraban en un noventa por ciento sobre temas que ya conocía, pero que en muchas ocasiones eran aburridas para los demás. Me agradaba leer novelas que en ese entonces solían ser revistas con ilustraciones, contarlas desde el principio hasta el fin, no me gustaba romper ese círculo, no quería romperlo.

Tengan en cuenta que la existencia que ignora los ideales en literatura, es inferior e indigna de esfuerzo; así lo creo y con razón.

Al llegar la educación superior, nuestros padres ya contaban con abundante dinero, una amplia casa con muchas habitaciones en donde ya teníamos cada uno la suya; pero en el fondo seguíamos siendo los mismos humildes de toda la vida. Me había acostumbrado a valerme por mí misma y así lo seguí haciendo; mis trabajos no me exigían tanto; hacía trabajos impecables a mis compañeros de colegio y eso me ayudaba a mantenerme activa y sin tener que pedirles nada a mis padres.

Mi padre llegó a ser propietario de hatos ganaderos, fincas y grandes extensiones de tierras. Allí permanecíamos la mayor parte del tiempo, o cuando nos encontrábamos en vacaciones. Que hermosos eran aquellos amaneceres pero más los atardeceres rojizos que embrujaban a cualquiera. Lidiábamos con animales, nos gustaba correr tras las gallinas, los pavos, los patos que buscaban donde esconderse para evitar ser atrapados por nosotros.

El llano, lo más hermoso que mi Dios ha creado. Así pasaban nuestras vacaciones, así recuerdo mi niñez, así me crié con todas y cada una de aquellas costumbres libres de pensamientos arraigados. Y pasaron los años, cambiaron los tiempos. Ya no éramos niños, ahora hombres y mujeres. Con la diferencia que se tenía de todo y así nos criamos, sin necesidades, con todo el dinero que nadie imaginaba; pero todo se acaba; la tranquilidad de otros años se volvió de repente gris a nuestros ojos; dicen por ahí que lo que se levanta con tanto esfuerzo, algún día cae, pero para volverse a levantar; caso que no fue el nuestro.

Y llegó la violencia. Por un lado la guerrilla, por otro lado los militares; por el solo hecho de vivir en donde vivíamos, en aquellas lindas y extensas tierras, éramos acusados de lo que no éramos. Así fueron cayendo muchos de la familia. Fueron muchos los que recogimos para darles santa sepultura.

La fortuna fue decayendo, el ganado desaparecía y no se sabía cómo y porqué. Ahora éramos otra generación perdida; mi padre luchó hasta el último día de su vida por mantener lo poco que quedó en pie, y así lo hizo. Ahora eso que quedó es nuestra herencia, la de todos sus hijos. Esas grandes extensiones de tierras, ya son pocas, pero para mí representan todo el trabajo que realizó mi padre para dejarnos algo, algo que ninguno puede decir ha trabajado como él las trabajó.

De alguna manera todavía nos vemos elegantes, arrastrados por las manos torpes de nosotros mismos ya viejos, huyendo como conejos asustados de tanta violencia, que azota como la arena en el desierto.

Seguimos queriendo aquellas tierras, seguimos anhelando volver allí y quedarnos para siempre; pero para mí es imposible, para algunos de mis hermanos no lo es pues están cerca de lo que tanto trabajó mi padre y sin embargo son tan incapaces de cuidar y valorar lo que de ellos mismos es.

Creo que mi padre todo lo dejó revuelto; como una gran piedra en el camino, para ver quien es capaz de quitarla. Pienso que la vida debe seguir y si no somos capaces de quitar esta gran piedra, pues vendrá otro y lo hará en mi lugar. Ya no estoy sola; y si mis manos son torpes para continuar, hay otras manos veloces que me enseñaran el camino, creo que aún no estoy vencida.

                                        MARIA R.

 

 

 

                             E S C R I T O S   P E R S O N A L E S

 

La memoria, pienso es un sustituto de la cola que perdimos para bien, en el feliz proceso evolutivo.  Dirige nuestros movimientos desde los mismos comienzos de la migración, aparte de eso hay algo claramente atávico en el proceso mismo de recordar, aunque sea solamente porque nunca es lineal, mientras más se recuerda se está más cerca de la muerte.

Si es así, es bueno que la memoria tropiece un poco, porque al mismo tiempo da vueltas y revueltas como las olas enfurecidas y nos permite a riesgo volvernos inconsecuentes y aburridos.

El aburrimiento después de todo, es el rasgo más frecuente de la existencia. La perspectiva de los años, ordena las cosas hasta el punto de borrarlas completamente. Nada las hace volver, ni siquiera las señas manuscritas con letras retorcidas.

Tanto esfuerzo está condenado todavía si la cola queda rezagada en alguna parte de nosotros, o en algún rincón de nuestro país.

Si las palabras impresas fueran sólo una señal de olvido estaría bien.

La triste verdad es que las palabras también faltan a la realidad. Al menos ha sido mi impresión que cualquier experiencia proveniente del ámbito de vida y costumbre nuestra, aunque se describa con precisión simplemente rebota en nuestra propia forma, en nuestra misma lengua, sin dejar huella en su superficie.

Por supuesto, la memoria de una civilización no puede y tal vez no debe convertirse en memoria de otra. La historia sin duda, está condenada a repetirse, después de todo, como los hombres, no tiene muchas opciones.

Pero ni uno ni otro, por supuesto, traducen el sentido del pasado. La estructura que cualquiera pueda idear, será la ola que acabará con la red llena de peces pero sin agua.

Les voy a contar una historia:

Había una vez un niñito, vivía en el país más injusto del mundo, un país gobernado por seres que según todos los límites y cánones humanos deberían calificarse como mal gobernantes, descarados, degenerados, ladrones. Pero también había una ciudad, la más hermosa sobre la superficie de la tierra, con un inmenso cielo azul, un río gris, magníficos edificios con fachadas tan elaboradamente bellas, que si el niñito se hacía a la derecha, la parte de la izquierda semejaba la huella de un molusco gigante llamado civilización; aquella que ha dejado de existir. 

En la mañana temprano, cuando el cielo estaba todavía cuajado de estrellas, el niñito se levantaba y después de tomar una taza de té y un huevo, corría a lo largo de una gran avenida cubierta de carros, cubierta de nieve rumbo a la escuela.

El inmenso río yacía blanco y helado como la lengua de un continente caído en el silencio y el enorme puente se arqueaba contra el cielo azul como un paladar de hierro. Si al niño le sobraban dos minutos, se deslizaba por el puente y se imaginaba a los peces dentro de aquella agua tan fría, bajo un hielo tan grueso.  Se detenía y luego corría sin parar hasta la entrada de la escuela.

Se sentaba en su pupitre, en su cuaderno tomaba nota de la explicación que daba la profesora; levantaba la mirada y atentamente observaba a sus compañeritos que en ese momento lo ignoraban.

A pesar de vivir en un país tan injusto, tenía una ciudad que le brindaba cosas hermosas, podía disfrutar de todo lo que tenía a su alcance; aunque primero tuviera que escuchar el bla bla de la profesora.

Jamás la memoria se perderá, ya no somos monos; la cola la perdimos hace millones de años.

 

            

LA TRISTEZA DEL MENDIGO

Que triste fue comprender, y dar y no proceder, por tanta gente humilde vegetando en el silencio.
Cuantos niños desnutridos, bandidos y desvalidos van por las calles hambrientos. Unos lloran sin sesar, por no tener un hogar ni unos padres en el mundo para que les den afecto... unos seres de confianza, abrigo, fé, esperanza para calmar sus tormentos.
Pero les digo: Lucha mendigo, estoy contigo hasta el último momento... porque yo sentí también la tortura de un desdén hambriado, enfermo y sediento... casi dormia en el sereno como si fuese algún perro arropado con el viento. Tengas valor, fuerza y honor para que triunfes contento; hoy tu camino es oscuro, pero le espera el futuro con premios de fundamentos... y como tu eres capáz de hallar la dicha y la paz más grande del universo.

Niño acentoso y hufano, tu también eres humano... tienes derecho a la vida en las vertientes del tiempo, sigue su rumbo adelante que pronto vendrá un calmante a su justo sufrimiento.
Comprendo tu soledad, pero es que la sociedad desesperada y corrupta te humilla en cada momento; cuando te ven pensativo, te dicen: "malvado mendigo, arrastrado y harapiento."
Lucha mendigo... si quieres prosperidad, encuentra tu orientación de la mano del silencio.
Yo se que vives sufriendo, en un mundo diferente, lleno de remordimientos. El silencio es más penoso, y tú tienes la vida para entender sus misterios.

MARIA.

 

               UN MUNDO DESCONOCIDO, DESOLACION.

Les hablaré de un mundo diferente, desconocido para muchos. Un mundo en donde reina la desolación. Cada vez que llego allí es penetrar en lo desconocido pero que he aprendido a conocer muy de cerca, en donde me conocen y saben quién soy. Les diré que voy a centrarme en un ser que es todo y nada pero sabrán lo que fue y que ahora no es. Un ser que solo cuenta con mi punto de apoyo pero que vive en otra realidad.
Se encuentra envuelto en su propia pesadilla. ¡Sí! ese chico del que les hablo es mi hermano.
Me reservo su nombre, no creo que a alguien le interese saberlo. Cuando voy a visitarlo, creo que cientos de imágenes van y vienen con él, lo envuelven en esa anonadante depresión que siente. Ya no es el chico que ríe, espera un momento para escaparse de ese mundo, de ese estado que lo sumerge en los abismos de la desesperación.
Sabe que soy su hermana, la que va a visitarlo... se alegra de verme. Le doy un abrazo, lo arreglo un poco, lo abrigo; pues se que tiene frío y se lo aguanta. La única lucidez lo opaca... a veces tiene fiebre, me cuenta que no ha podido dormir, el terrible dolor de garganta lo atormenta cruelmente. Cuantos dolores no habrá sentido sin poder decirle a nadie, sin tener una mano amiga que le brinde alivio. No se aferra a nada ni a nadie, prefiere estar sólo.
Los observo a todos, las innumerables conversaciones las escucho... no entiendo nada pero los comprendo. Sus voces son el bagazo de algo extenuante que ha quedado en cada uno de aquellos seres ya cansados de su propia locura. 
Los contornos de aquella clínica, les ofrece el consuelo de poder caminar libremente, de apartarse de todo y evitar ser molestados por otros.
Recuerdo vagamente al niño, el que quedó al otro lado de este mundo, en un lejano llano o una ciudad cualquiera. El niño que alguna vez fue alegre pero de pronto se fue alejando y dejó entrar en sí mismo la soledad. 
El me mira, sé que algo quiere. Quiere salir de aquel sitio, caminar cogido de mi brazo como si buscara protección; una palabra de él para mí significa todo. Me alegro de que me hable, me pide cosas que tengo que comprarle. No quiero que me lo vean como una cosa rara, que va y viene sin lograr interesarse por nada. Sabe que vamos al pueblo cercano, se pone triste pues quiere venirse conmigo a mi casa. Pero luego se alegra, comerá lo que quiera, beberá lo que desee, luego pedirá sus galletas, arequipe y dulces favoritos. 
De vez en cuando me hace señas con su mano, quiere algo más. Se acostumbró a verme sólo a mí, por eso quiere irse conmigo.
Comprenderán, son muchos años allí, quince años cuidado por manos extrañas y a las cuales les agradezco, en medio de tantos y tantos desconocidos.
Mientras está conmigo, conserva su cordura, parece que no sufriera de nada; ojalá jamás le diera esas reacciones tan bruscas. Lo veo marchitarse por tanta droga, sus cabellos blancos me parten el corazón; la hojarasca y algo de vida vale más; pero eso de valer o no valer no le interesa de ninguna manera.
Siente fuertes deseos de llorar, de sentir esa sensación; lo hace, puede hacerlo... es otra cosa que no se le ha olvidado hacer. Mi hermano, quizás pueda adaptarse a alguna forma de vivir tranquilo, a aquel sitio, a ese mundo de desolación. 
La alegría que siente en cada visita lo llena de paz, no se siente olvidado. Tal vez ahí está la cosa, en medio de esas vidas alocadas, siente la necesidad de una buena compañía, que el aislamiento no sea su refugio.
No pregunta por nadie, pues sabe que la única que está cerca de él soy yo. Lo miro a los ojos y con su mirada me dice todo; sé que sabe todo lo que pasa a su alrededor pero calla... su respuesta es el silencio. Sufre... lógico que sí. Cómo me gustaría se le postergaran los días de su juventud, pero no, ya no, igual no piensa en nada. Lo admiro cuando reconoce a las personas que hace años había dejado de ver. 
No comprende los PORQUÉS; por qué de esto, por qué de aquello, por qué lo otro... tiene un mundo de cosas encima, un mundo diferente.
Ya no le interesa ser consiente de mentiras o verdades agradables, las cosas han comenzado a morir para él. Su única verdad el anochecer y el nuevo amanecer doloroso y sombrío.
¿Saben? lo he visto llorar en silencio, como queriendo calmar el dolor que muy dentro lleva desde siempre. Le ha faltado tanto cariño, amor maternal, tanto calor humano. Ha tenido que soportar quedamente el frío, la desesperación, que se ha quedado dormido divagando el calor de la amistad y el verdadero amor de madre. Para ello no hay disculpa por más lejos que nos encontremos, creo que es así.
Me pregunto... en donde quedó el camino que hubiera podido evitar todo esto... se saltaron las consecuencias de lo que veían y dejaron las cosas así, se descuidaron en la enfermedad y a la enfermedad hay que cogerle ventaja, ír delante de ella sin dejarnos alcanzar... cuando se sabe a donde se quiere llegar, a donde se va, no se pregunta; se actúa de verdad, se llega con paso firme, pero nuestros padres fueron descuidados en ese sentido.
Mi hermanito es como una pieza del juego, aquel que comenzó hace mucho y nunca terminará. Eso me exaspera; por que nadie quiere ser ficha que corran a donde quieran sin protegerla.
Mi hermanito es como un ave por el espacio abstracto, inocente a todo lo que pasa fuera de allí, tan inocente. Cuando se le pregunta algo, se queda pensativo; de pronto contesta a su manera... pero todo es válido. Aquel mundo desconocido está suspendido en la mismidad humana de la impiedad, el desamor; todos los males que azotan fuertemente como los vientos ennegrecidos.
A unos los azota la ira, a otros el abandono junto al desconsuelo, esa es su naturaleza en términos generales. ¿Quién puede afirmar qué es la locura? ¡ acaso no estamos más locos los que afirmamos tener cordura, hablamos de cinco ó más sentidos y maltratamos al amigo o al hermano y terminamos asesinando sin piedad! es duro decirlo. Les digo una cosa: estamos alineados hombres y mujeres en un sólo drama... los pueblos armándose hasta los dientes para posibles guerras que le cuesta a los pobres; dejan hasta la última gota de su sangre de una forma inhumana... y decimos por ahí que esta humanidad no está loca... que no estamos locos.
Qué blasfemia es el mundo; todo lo que nos rodea con nuestros miedos e inseguridades... todo gracias a las chorreras de meter miedos que se nos ha inculcado y nos han llevado a la tortura, al dolor, al temor... por qué nos ha tocado así y así es.
Este es el mundo en el que vive mi hermanito... dentro de la espantosa realidad, es su mundo.
Va cayendo la tarde, la poca esperanza de huir de ahí es imposible. Me despido; se queda triste pero las cosas tienen que seguir su rumbo... espera pronto otra visita y así seguirá siendo, y vendrá otro anoche y un nuevo amanecer. Por siempre será así... y él esperará a su hermana siempre.

MARIA.

 


EL ULTIMO DIA

E L U L T I M O D I A

Son muchas las veces en que nos cansamos de vivir eternamente en el papel que cada día desempeñamos y dentro de un sobre cerrado llamado sentimiento; somos inválidos de corazón, tratando de huirle al tiempo y a la verdad y buscamos otras direcciones sin conocer lugares sino tan sólo el momento. Quiero dirigirme a ustedes y contarles mi historia pues todos tenemos algo que callamos voluntariamente.

Me gustaría no enterarme de nada, me decía mientras observaba por la ventana el bello jardín de mi casa.
Pero ocurría que de una u otra forma desde mi oficina en donde realizaba mis trabajos ó desde mi alcoba me enteraba de todo.
Siempre había sido una chica demasiado liberada, sin control, pero en el fondo muy honesta. El caso era que jamás había contado con el apoyo de mis padres, pues estos no permanecían en la casa… el trabajo, los viajes, las reuniones sociales siempre fueron más importantes que yo.

Vivía en un mundo lleno de lujos, lo tenía todo, ¡bueno casi todo! Por que lo que realmente anhelaba era un poquito de atención por parte de mis padres, de amor, un buen consejo ó un bello detalle.
Le preguntaba mil veces a mi conciencia, por qué me callaba ante mis padres y no los enfrentaba de una ves por todas, cuando llegaban a la casa para volver a salir, sin preguntar por mí, si me encontraba o no, ó si estaba bien ó tal ves mal… pero no, evitaba todo aquello y me guardaba lo que sentía.
Debido a esto, llevaba una vida desordenada; de fiesta en fiesta, salía cada noche con chicos diferentes, con la mayoría tenía relaciones sin protección, llegaba a la casa amaneciendo, descansaba todo el día y en la noche volvía a salir… me sentía agotada, la rumba y el estudio me estaban consumiendo.

Aquella mañana tenía ante mí un libro que contenía temas de enfermedades de transmisión sexual, acababa de abrirlo y lo estudiaba con ahínco, jamás lo había hecho, me había llamado la atención pues últimamente mi ánimo estaba por el piso y en las noches no podía dormir debido a unas fiebres altas que venía presentando.
Concentrada en mi lectura pensaba que no necesitaba saber tanto que no necesitaba ser sabia, pero seguía estudiando. Escuchó voces que se filtraban a través de la puerta… ¡OH sorpresa ¡ sus padres habían llegado pero como siempre ya se iban, escuché que a Europa, el tiempo nunca se enteraba de eso. Dieron instrucciones a mi nana Julia; aquella mujer que durante años me ha cuidado como una madre, bueno eso pensaba yo, pues hasta el momento no sabía como era el amor de una verdadera madre ó de un padre. Mi nana Julia se despedía de ellos, una vez más aquella puerta se cerraba sin preguntas ni respuestas.
Sentí pasos, la puerta de mi habitación se abrió y entró mi nana Julia, esperaba alguna razón de mis padres pero no recibí nada. Luego ella me preguntó: ¿Lucía podemos dar un paseo?... Después ¿sabes? Le contesté, 
Si quieres podemos subir hasta la colina y contemplar el lindo paisaje que tanto te gusta mi linda niña, me decía mi nana… pero la verdad no la escuchaba, no me sentía bien, preferí acostarme un rato y descansar.

Desperté sobresaltada al escuchar el timbre de la puerta varia veces, luego escuché a mi nana cuando abría… alguien preguntaba por mí… era mi amiga Sara, ya subía las escaleras cuando salí a su encuentro.
¿Hola amiga cómo esta? Hola Lucía… por qué no fuiste a la fiesta, te esperamos hasta tarde con TOM. Lo siento amiga le contesté, lo que pasa es que no me he sentido bien últimamente, voy a pedir una cita con mi médico y te aviso para que me acompañes…
Bueno amiga, me respondió Sara, pídela, me avisas, te recojo y te llevo a la consulta. 

Varios días habían pasado, esperaba la llamada del hospital en donde me informarían la hora y fecha en que tendría que ir al consultorio del Doctor Richard. Mientras tanto con mi nana Julia subíamos a la colina a tomar el aire puro de la mañana… ya era una costumbre que teníamos las dos.
Decidí contarle que no me sentía bien y que iría al Médico, pues era la persona en la que más confiaba y la que me brindaba su compañía, su cariño y cuidados. Se ofreció acompañarme, era el apoyo más grande que tenía. No volví a salir en las noches; me dediqué más al estudio; pues esperaría hasta saber lo que me pasaba y por qué de aquellos mareos tan extraños. A los pocos días me confirmaron la cita, mi amiga Sara me llevó al hospital; allí el DR Richard nos esperaba para realizarme unos exámenes especiales. 
Oye Lucia, tu médico es muy joven y guapo, decía Sara…
Por una vez Sara, compórtate y guarda silencio le respondí.

El Dr. Richard me hizo seguir al consultorio en compañía de una enfermera que me tomaría unas muestras de sangre… luego pase a una salita en donde esperé unas horas mientras salían los resultados, fui examinada muy bien.
Con los resultados en la mano el Dr. Richard los empezó a leer en silencio para dar el diagnóstico final.
Yo seguía en la sala de espera junto a mi nana Julia y Sara. 
Luego el Dr. Richard hizo pasar a mi nana Julia, pues yo estaba bajo sus cuidados. Había pasado media hora… un mal presentimiento invadió mi cuerpo, sabía que algo malo estaba pasando pero lo más seguro es que no me dirían nada; los veía hablar y hablar a través del cristal pero sin poder escucharlos. Lo que mostraban aquellos exámenes era aterrador, como le diría uno a alguien que contaba con poco tiempo de vida, cuándo se está empezando a vivir; eso pensaba mi Doctor al examinar una y otra vez aquellos exámenes que ya marcaban una cruel realidad… Sí… tenía Sida…
Por unos segundos guardaron silencio, luego preguntó por mis padres, pero mi nana Julia le comunicaba que se encontraban viajando y no había forma de llamarlos pues jamás dejaban algún número o sitio preciso para hacerlo.
Todo quedó en manos de mi nana Julia, el Dr. Richard me comunicó que mi enfermedad se debía a un virus no peligroso y que pronto estaría bien.

Los días continuaron normalmente, mis padres llevaban meses sin regresar; mi nana cuidaba de mí en que nada me hiciera falta… me acompañaba a las terapias que el Dr. Richard me había ordenado dizque por unos meses.

Mi amiga Sara se enteró por mi nana Julia de lo que me pasaba, ahora sería un secreto entre las dos y las dos se encargarían de hacerme sentir bien, como si nada estuviera pasando. 
No volvimos a mencionar fiestas; el tiempo lo gastábamos estudiando, salíamos de compras, a almorzar con los pocos amigos que me visitaban, a cine… no nos preocupábamos sino por pasarla bien.


Pasaron tres meses… el tratamiento que recibía me debilitaba demasiado, cada día que pasaba era como si muchos años cayeran sobre mi vida. 
Dime nana Julia ¿que es lo que tengo? No quiero que me ocultes nada, siento que soy diferente, me veo diferente y empiezo a perder mi cabello…
¡Todos creen que no me he dado cuenta de lo que pasa, pero están equivocados! 
Noté el desconcierto en mi nana, ¿te pasa algo nana Julia?, de pronto te has quedado en silencio y te has puesto pálida. 
No digas tonterías, no pasa nada hija, mejor descansa; mañana subiremos a la colina, tu sitio favorito… Sí nana Julia, ahora ayúdame a acomodar las almohadas y pásame mi jugo por favor.

Mi enfermedad avanzaba rápidamente, cada día me sentía peor, ya no tenía fuerzas para ir a la universidad, mi tiempo estaba acabando, mis locuras estaban cobrando un fruto mal sembrado. El olvido de mis padres me enfermaba más, aquellos que aún no sabían por lo que estaba pasando; mejor así; mejor ocultar lo que no tiene remedio.
Hay cosas en las que sería mejor no enterarse jamás y ésta era una de ellas.


Un día cualquiera pasa lo que menos esperamos; daba gracias a Dios por una buena noche ó un nuevo día, esto ya era un reto para mí. Sin embargo sabía que las buenas noches ó los buenos días hacía mucho tiempo habían pasado a un segundo lugar, ya no eran míos.

En las noches no lograba convencer al insomnio que se alejara, por que el dolor se encargaba de impedirlo. 
Tenía veinte años y ya había vivido y sentido más de lo que jamás imaginé; pensaba en mis amigas, aquellas que se habían alejado y me demostraban que su amistad no era tan buena como yo pensaba; sólo contaba con Sara, ella si era mi amiga, a la que veía como a una hermana, la que siempre estaba ahí para darme su apoyo. Contaba con Julia, con sus cuidados, su cariño; con aquella mujer que se había convertido en la madre que nunca había tenido.
Se había encargado de buscar a tantos expertos en las cosas posibles de la medicina, esperando otra respuesta a lo que ya era prácticamente una clara evidencia. 

Pensaba: ¡cómo me gustaría que fuera tan sólo un sueño del que acabo de despertar, que todos estuvieran equivocados y que ésta enfermedad del sida nunca mi cuerpo hubiera elegido!
Finalmente aceptaba que no tenía esperanza. Me resigné a dejar que el tiempo se encargara cuanto antes de mi vida, una oración a Dios era lo mejor para que me evitara tanto dolor.
En medio de todo había sido tan débil, no había tenido el valor suficiente para decirse a sí misma que en vez de buscar soluciones, había encontrado problemas por dejarse llevar por aquellos que creía sus amigos.

Había noches en las que el sueño era imposible, ahora trataría de dormir… ocultándome bajo mis cobijas taparía al mismo tiempo mi vergüenza, aquella que sentía por haber sido tan débil.

Sara y algunos buenos amigos me visitaban todas las mañanas, eran tan divertidos que por momentos me hacían olvidar mi realidad, me revelaba contra mi enfermedad y las ganas de vivir me seducían, pues morir creo no está en los planes de nadie… siempre había pensado que quienes se morían eran los viejos.
Antes, en medio de mi soledad había deseado morirme, tenía motivos como el olvido de mis padres; pero ahora que contaba con poco tiempo de vida, me aferraba a ella como el ancla al mar ayudada por la arena.
Ahora veía la vida de otra forma, era tan linda, tan valiosa… y la estaba entregando sin defenderla.

Julia, Sara y Tom nunca me dejaban sola, se encargaban de arreglarme, Sara me vestía con mis mejores ropas y me hacían sentir bella, salíamos al jardín, tomaban fotos para el recuerdo, me enteraban de nuevos acontecimientos de la universidad, de uno que otro chisme de las que habían sido mis amigas y que se habían alejado por miedo a contraer la enfermedad. Mi amiga Sara me sugirió que por qué no escribía un libro contando mi historia… ¡Sabes que sí amiga! Le respondí, tú serás mis ojos y Tom será mis manos, con el apoyo de ustedes lo terminaré; y volvíamos a reír como si nada.

¡Vaya! No pensé que la muerte podría estar tan cerca, me decía cada día al despertar, me parecía que YO estaba ganando la batalla… luego me convencí de la derrota.
Cuántas veces he maldecido mi enfermedad y hasta he desafiado a Dios en mi afán por vivir; me parecía tan injusto, luego me arrepentía pues no tenía derecho a reclamarle.
Llegué al extremo de desearles el mal a mis padres, pues no entendía por qué me habían traído al mundo para olvidarme… ¡Claro! Me pareció mal hecho de mi parte. 

Si alguien pasaba por la calle, me daba envidia, como si no pensara que a lo mejor él o ella también tenía problemas.
No saben cuantas veces me he revestido de fe, y me he tomado varias cucharadas de esperanza, me he alimentado con vanas ilusiones. He leído todo acerca del Sida, he consumido las noticias donde han hablado del VIH; ahora comprendo por qué mi familia y algunos amigos han empezado a esfumarse; por miedo a la enfermedad… como si ésta se transmitiera por un apretón de manos ó un beso en la mejilla.

He sido testigo de las miradas de lástima cuándo me visitaban las señoras que vivían al frente de mi casa, y el temor que sentían de ser contagiadas.
Eso era lo que no quería; que me vieran con lástima, me herían en lo más profundo. 

Hoy, ya no tengo nada que reclamarme, he visto lo que antes mis pobres ojos no veían. 
Busqué de nuevo a Dios y lo encontré, dispuesto a recibirme, hablé con él como lo hacen los mejores amigos; él me brindó sus brazos y supe que aún tenía alguien en quien confiar, que la fe existía, y me dejé llevar por ella.
Ya no tenía esperanza de quedarme en este mundo, realmente estaba cerca la partida. Dios me dio su mano, me apretó con fuerza y por primera vez, se escapó de mis labios la mejor sonrisa, la más sincera en la que no había dolor.

En pocos días cumpliría mis 21 años, sentí la necesidad de compartir unos momentos con mis mejores amigos; eran pocos pero muy especiales.
Mi nana Julia organizó todo; me di cuenta que jamás estaría sola… mi amiga Sara se encargó de enviar las invitaciones, de comprarme el vestido que luciría ese día; pues ese día estaría linda, ya no habrían más cumpleaños para mí, por eso sería especial. 
Me preguntaba: ¿Qué pasaría si Dios decidiera romper el poco hálito de vida que tengo y llevarme a su lado? Estoy segura que me iría feliz.

Llegó el día de mis cumpleaños, sentí dentro de mí algo muy extraño, el saber que mis pocos amigos estaban ahí conmigo me llenó de una inmensa alegría… mi mejor cumpleaños me lo estaban celebrando, me divertí tanto que no hubo lugar para el dolor. ¡Cuántos en lugar de estar llorando ó viviendo de un recuerdo, desearían estar riendo de felicidad en este momento! Como yo… que vivo nutriéndome de sueños que apenas si me dejan llegar hasta la puerta que aún permanece abierta. 
La casa era tan grande, mis amigos tan pocos pero suficientes para llenarla.
Ellos han permitido que disfrute más lo que por suerte me concedió el destino, me han orientado cuando me siento en un inmenso laberinto sin salida.
Guardaré en el cofre de los recuerdos todos los detalles hermosos que me regalaron. La música romperá el silencio de mi tristeza.

Al sentir la impotencia ó la impaciencia de no poder encontrar una salida, tomo un lápiz y un pedazo de papel y escribo como lo estoy haciendo ahora.
El amor de quienes me acompañan, me dan la posibilidad de ver el sol cuando se oculta, el amanecer de un día más, de escuchar el canto de las aves, de poder salir al jardín de mi casa. Que lástima no haber recibido un consejo a tiempo, me hubiera evitado tantas complicaciones.


Mientras llegaba el momento, sentí que quería ser útil, servir a quien lo necesita; que lograra evitar una lágrima ó el arrancar del triste una sonrisa. 
Me quedaba una esperanza, con Sara decidimos dar conferencias a personas que estuvieran pasando por mi mismo problema; nuestra preparación nos tomó unos días, los temas los sacábamos de libros, enciclopedias, bibliotecas y de mi mismo Doctor que nos colaboraba en la mayoría de los casos. Todos éramos pacientes de él, por lo tanto conocía cada caso que se nos facilitaba dar las conferencias sin ningún problema bajo su vigilancia.
El papel más difícil de la vida es aquel en el cuál tenemos que representarnos a nosotros mismos; cuanto diera por bajar del escenario, pero no… mi lugar estaba ahí; no era una salvavidas, si lo fuera me hubiera salvado, simplemente ordenaba otras, evitaba que el dolor fuera más fuerte… era lo único que podía hacer por el momento.
Sentirme útil me llenaba de una paz interna, aquella que antes jamás conocí.

Entre las conferencias, asistir al tratamiento, leer libros, fue pasando el tiempo… tal ves el último día estaba cerca. 

Mi nana Julia me había comunicado que mis padres regresarían dentro de poco; ya nada me importaba, si regresaban ó no era lo mismo; ya nunca más necesitaría de ellos. 

Mi enfermedad avanzaba rápidamente, tomaba mi cuerpo como un mal perfume. Llamé a Sara, pues me sentía muy débil, ya no podía estar de pie, y el dolor era insoportable, mi piel había cambiado. Me llevaron al hospital, el Dr. Richard había decidido hospitalizarme, la verdad mi enfermedad se encontraba en su estado terminal. Estaría bajo control permanente. Sentí tanto dolor reflejado en los rostros de Julia y Sara, y por un momento me pareció que se estaban despidiendo de mí; sabían que a mi casa ya no volvería. 

Sara y Tom siguieron con las conferencias, mucha gente asistía a ellas.

Decidí dejarles una nota a mis padres, sería corta pues me faltaban las fuerzas:
Queridos mamá y papá: Antes de despedirme, quiero que tengan bien presente, si por algún motivo ven que pueden ayudarme, quiero que me prometan que no llorarán por mí, aún cuando tengan que pasar por una dura prueba sin esperanzas, a la que tarde ó temprano llegaremos todos los mortales… la muerte… mi muerte.
Con todo el corazón… Lucía.

Mi nana Julia guardó la nota cuidadosamente, se la entregaría a mis padres tan pronto regresaran.

Cada noche le pedía a Dios se acordara de mí, estaba segura que cuando mis padres se enteraran de mi enfermedad, en vez de apoyarme se avergonzarían de mí. Lo menos que quería era hacerlos sentir mal, jamás había existido para ellos y así seguiría siendo.

Había dormido toda la noche gracias a los fuertes calmantes que me estaban aplicando. 
Todos los días mis amigos iban a visitarme y sobre la mesita de noche me dejaban pequeños detalles que mi nana Julia recogía y guardaba en el cofre de los recuerdos. Sara no se apartaba de mi lado, era mi amiga, mi hermana… siempre pendiente de que no me faltara nada.

Aquel día el sol me abrazaba con fuerza a través de la ventana, me senté en el borde de la cama… una enfermera me llevó al baño y luego me acomodó de nuevo en el borde de la cama, le pedí me dejara así… me sentía tan débil, tan cansada, presentí que había llegado mi hora… me sentía como aquella flor que de repente ha perdido sus pétalos y ha quedado sin protección. Sentía en mi pecho el dolor de la soledad, el dolor del abandono, el dolor de entregarle a la muerte mi juventud. 

Escuché al Dr. Richard cuando hablaba con mi nana Julia… ya nadie podría entrar a visitarme, sería aislada por seguridad; ya no podría volver a ver a mis amigos, ni a Sara, ni a Julia; una enfermera se encargaría de mí.
Yo sabía que todos esperaban afuera, alguna noticia mía los calmaba ó los preocupaba según las circunstancias. Mi nana Julia me observaba a través de una ventana especial… era la única que podía hacerlo.

Pensé que dejar pasar el tiempo, poseerlo, era el lujo más grande que podía existir para mí, en el escaso espacio de vida que me quedaba.
En medio de mi dolor, ese ser noble y poderoso vino hasta mi cuarto ya tan olvidado y solitario, me esperaría unos días más, hasta que pudiera despedirme de mis amigos y darles un adiós muy lejano.
Pedí me pasaran un espejo pues quería ver mi rostro, gasté varias horas frente a él, ensayé la manera de peinarme diferente con aquel afán de verme bien, sentí nervios de no alcanzar a darles el adiós a mis amigos; quería que este camino se alargara y no volver a ver atrás nunca más.

La presencia de mis amigos se había vuelto tan necesaria, eran el alimento que fortalecía la esperanza de seguir cultivando la posibilidad de convertir un sueño imposible en realidad; en donde el sufrimiento era compartido por todos, en donde el oportuno conocedor profundo del lenguaje era el de la amistad sincera. Amigos y compañeros, capaces de dar muchas horas de insomnio sin esperar nada a cambio. 

Ahora recuerdo que de muchos rechacé la mano cuando me la tendieron, y ahora me la vuelven a tender y se las acepto con pena y desilusión… creo que el orgullo y la rebeldía nos hacen perder la posibilidad de conocer una verdadera amistad. 
He tenido una recaída, protesté en mi interior por ello, pero he sacado fuerzas para continuar con mi historia. 
Hoy me he limitado a las noticias que me traen las enfermeras y las de mi médico, me dicen que me ven mejor, me hacen pasar un rato agradable… me gustaría que fueran sinceros conmigo. Me siento diferente, hasta mi cuarto de hospital dejó de ser agradable; cuando puedo me siento en la orilla de la cama y enciendo la luz, cierro la puerta que dejan siempre abierta y voy al baño a hacer correr el agua sin ayuda de nadie.

Todas estas noches he tenido un miedo terrible. Las noches y los días se han vuelto muy tranquilos; permanezco inmóvil y silenciosa como esperando el último anuncio en donde llega Dios en persona y me extiende su mano para llevarme al lugar que me ha destinado para siempre. 

Hoy mi nana Julia me ha comunicado que mis padres llegarán en tres días, me he sentido triste, me he deprimido un poco… imposible huirle a la realidad. Quiero ver sus rostros y que ellos vean el mío, el rostro del que nunca se ocuparon.
Un rostro que antes tenía una exuberante juventud con un espíritu alegre, coqueto y con una chispa picante; pero que ahora está marchito por las circunstancias de la vida… que ahora prefiero la soledad y no la compasión de los demás, pues ya no soy como ellos. 
He descubierto en este largo camino lo doloroso de una historia y el sufrimiento que he causado a mis mejores amigos. 
Le he pedido a mi nana Julia que cuando lleguen mis padres lo primero que tiene que hacer es darles la nota, luego llevarlos al hospital… la verdad deseaba verlos y poder despedirme de ellos; deseaba ver sus caras por última vez sin sentimientos de culpa. 

Ahora termino mi Oración diaria, me aferro a ella con tanta fe, siento un alivio profundo como si Dios me calmara tanto dolor; veo el cielo y algunas estrellas parecen hablarme. La enfermera me ha cambiado todas las sábanas de la cama pues ésta debe permanecer muy limpia. Mi amiga Sara me envía notas de todos mis amigos con mi nana Julia, las leo y lloro en silencio por no poderlas contestar. Cuánto quisiera poderles dar un abrazo; me dicen que no pierden la esperanza de volver a verme en una vida normal dentro de un mundo justo y sano. Vuelvo a llorar en la soledad de mi habitación… he llorado tantas veces.

No podemos guardar el amor inútilmente; si en una parte de nuestra mente duerme, no nos quedemos callados, exprésalo bien fuerte y nuestras palabras lo despierte.
No creo que exista una frontera tan inmensa entre el amor y la amistad pues recíprocamente se alimentan.

Quiero amanecer como si hubiera renacido, sentirme llena de confianza, quiero que Dios ponga en mis ojos una mirada de esperanza y que me dé valor para mirarlos de frente sin sembrar la más mínima duda, temor o incertidumbre. Yo no deseo a otro lo que estoy viviendo; a mis amigos que reflexionen sobre todo lo que hasta el momento han visto y vivido… no escuchen el llamado de lo malo, no lo invites a entrar, pues él no te pedirá que abras la puerta si tú no lo permites. 

Bajo este techo de una habitación de hospital y que ahora pasó a ser mi hogar, hay una hija que no soporta la ausencia de sus padres, y que muy pronto partirá al lugar donde no tiene idea quien la estará esperando; solo sé que será hermoso. 

¿Saben? Cuando aún podía caminar por las calles repletas de gente, observaba a una que otra persona en su ir y venir, y analizaba el significado de la palabra Felicidad… vi. Al pobre feliz en la pobreza, pero también vi hombres esclavos de la riqueza; luego pensé en mí… concluí que por más que se tenga dinero, este no es garantía que respalde felicidad; no es suficiente para darnos la vida, la dicha, el amor, la amistad, ni la paz de la conciencia. Ahora estoy confundida, atemorizada, esclavizada, dentro de un mundo del que ya no puedo salir.
Pero creo que el dolor de la piel o del cuerpo en general es lo de menos cuando se tiene limpia la conciencia. Ojalá fuera tan sencillo el rechazo de los demás como cambiar tu asiento por mi asiento, lo haría con gusto, pero muy pocos lo harían sin antes sentir en sus rostros la desconfianza, aquella que marchita toda posibilidad de acercamiento con los demás.

De veinticuatro horas que contiene un día, una tercera parte de mi vida la he compartido con mis amigos y mi Nana Julia; sin tener el cariño de mis Padres. Mis tristezas, penas y dolores jamás los he podido compartir con ellos. 
Mis horas, días y semanas los he convertido en el tinto más dulce, porque he tenido que agregarle el dulce que tiene la vida…así este sea tan amargo que quiera dejarlo a un lado y decirle ¡adiós!...
Entonces… observo mi semblante varias veces, ya me he dicho mentalmente: Señor, ya cumplí mis veinte y más años, desearía cumplir otros más, ¡es usted realmente maravilloso al permitirme estar viva aún!
Jamás aceptamos la posibilidad de que nos llegue el turno de morir primero; esperamos al dolor pacientemente para que nos acompañe, en medio de la soledad.
Hoy, cuando tantas dificultades retan mi vida, he aprendido a ver con claridad la realidad de otra; mi destino lo estoy dejando escrito en esta historia. Si tengo suerte, beberé un poquito de la fuente de la magia eterna y seguiré expresando sobre estas líneas mi triste realidad.
Si el cariño, el amor y la bondad del corazón se pudieran entregar a los demás, los cambiaría por la vida, por mi salvación. Aquella que poco a poco se me va sin poderlo evitar.

Amigos, chicos y chicas: debemos prepararnos para despertar, no sé cuántos días, semanas, meses o años me queden; quizás en meses romperé el silencio y mi voz se apagará… pero lo que aquí queda será el ejemplo para muchos que van por la vida sin sueños, buscando una salida que no encontrarán en mucho tiempo.

Amigos: El VIH y el SIDA es una enfermedad que no tiene cura. Quiero que conozcan algo acerca de esta enfermedad, El VIH o virus de la inmunodeficiencia humana, es un microorganismo que ataca al sistema de defensas del organismo. Lo debilita tanto, que el organismo se vuelve vulnerable a una serie de infecciones y cánceres, algunas nos pueden llevar a la muerte. 
Quiero que tengan en cuenta lo siguiente: el VIH, puede transmitirse de una persona a otra a través de tres vías; relaciones sexuales sin condón con una persona infectada, exposición a sangre infectada y de la madre viviendo con el virus al hijo o hija. 

Ahora les daré a conocer algo del SIDA, es el síndrome de inmunodeficiencia adquirida; es la etapa más avanzada del proceso que empieza con la infección por el VIH. Nuestro cuerpo se vuelve más vulnerable a las enfermedades; estas enfermedades no afectan a las personas cuyo sistema inmune se encuentra en buenas condiciones. 
El Sida es la manifestación clínica de dichas infecciones, ya que las células de defensa llegan a niveles muy bajos y los virus en sangre es muy alta.

Los que padecemos la enfermedad del sida, vivimos bajo tratamientos constantes. El tratamiento ANTIRRETROVIRAL, es uno de ellos.
Este consiste en medicamentos que nos administran de forma temporal, debemos tomar una combinación de fármacos de manera rigurosa, tal como lo establezca el especialista… de esta manera evitamos la menor replicación posible de copias del virus.

Como pueden darse cuenta, Yo me encuentro en fase Sida, y lo único que espero es tener fuerzas para continuar con todo lo que me he propuesto y llegar a la meta antes de que me falten las fuerzas.
Dios es el ser más poderoso, me ha permitido seguir escribiendo sin que mis manos se cansen, cuando ese día llegue rodará mi lápiz por el piso y ya no me lo volverán a alcanzar. Pero la esperanza me acompaña y no me ha abandonado, ella es la respiración que aún tengo, la que por momentos se me va y vuelve como dándome a entender que todavía no es hora de partir. 

Quiero que todos conozcan el siguiente versículo:
Dios lo hace caminar a ciegas, le cierra el paso por todos lados.
Los gemidos son mi alimento; mi bebida, las quejas de dolor. Todo lo que Yo temía, lo que más miedo me causaba, ha caído sobre mí. No tengo descanso ni sosiego; no encuentro paz, sino inquietud,
Cuando recuerdo todas las locuras que hice, sin respetarme a mi misma, sin valorarme como persona; siento que me traicioné. Ahora destrozada y rechazada por los demás, estoy consumida por el temor.
He querido señalar con el dedo a alguien, ¿pero a quien podía culpar?, si el pago que da el pecado es la Muerte. 
Creo que el castigo que sufrió Dios nos trajo la paz, y por sus heridas alcanzamos la salud… tengan en cuenta este versículo. 


Hoy ya no tengo nada que pueda preocuparme… las preocupaciones, penas y dolores, me abandonan. 


Conectada a este oxígeno, lo único que espero es la llegada de mis Padres, espero verlos pronto. Mis manos ya no responden, ya no puedo seguir escribiendo, creo que mi historia está llegando a su fin.
Por un momento me quedo dormida. Al despertar veo el rostro de mi Madre que toma mi mano entre la suya y me saluda con un tierno beso; el rostro de mi Padre está bañado por las lágrimas que no puede evitar; se sienten culpables pero ya no hay espacio para las culpas, solo para las despedidas y ésta era nuestra despedida. Mi deseo se ha cumplido, los he vuelto a ver y ellos me han visto con tanto amor… con ese amor que esperé por tanto tiempo. 

Un rayo de sol atravesó mi ventana para venir a acariciar mi frente, me invadió de paz: mi corazón estaba agitado por la emoción de haber podido abrazar a mi Mamá y a mi Papá como siempre lo soñé. 

Los veía llorar con tanto dolor… me despedí de mi Nana Julia, de mi amiga Sara, de Tom, de todos aquellos que se encontraban allí.

Y como lo escribiera aquella gran Escritora Amparo Morales:
CUANDO CREI QUE LO TENIA TODO EN LA VIDA… YA NO TENIA VIDA.

Mi amiga Lucia murió a los pocos días.

 

EL POBRE.

Al pobre menosprecia el mundo, pasa los dias sin un motivo de alegria;
sereno, olvida el dolor por un dia.
Implora a Dios, le mande el pan cual un favor para sus hijos,
cuando llega la noche, el sueño pasa a ser su enemigo, el frio que penetra su cuerpo es su enemigo, pero a la vez su único amigo.
En los ojos del pobre brota el llanto y no enternece un solo corazón,
las lágrimas que valen son aquellas donde brilla el oro, la seda ó lo mejor, pero no ven que sus manos trabajan la tierra que tristemente sus pies pisan con dolor.
Y aquellas huellas nos revela tantas cosas, vemos ojos sin luz, labios sin sonrisa, una vida sin amor ni justicia, sin placer de detalles sencillos de la vida.
Pero el pobre tiene una esperanza,
vale más que el mundo y muchos mundos,
es inmenso como el oro, como todos los sentidos, como el dulce, como el viento, como el agua, y el amor; ES QUE EL POBRE ES GRANDIOSO, EL POBRE TIENE A DIOS.

MARIA.

 

A M I C O L O M B I A.

Colombia, cuanto te quiero, cuanto te quiero pero te están desangrando;
que pasa con nuestra gente, porqué es que se está matando
no se dan cuenta que el pueblo es aquel que está pagando...
mujeres, niños, ancianos... corren sin rumbo contando sus mismos pasos
sin saber más adelante serán combatidos por unas malvadas manos, y es que el respeto a la vida
hace mucho tiempo de los hombres se ha alejado.

No se sabe quien es bueno, tampoco cual es el malo,
siguen así dominando a nuestra Colombia y a sus pueblos olvidados.

Todos sentimos la ausencia de aquellos seres que han sido secuestrados,
pedimos su libertad, no son culpables de los conflictos armados.
En los ojos de las madres, de los abuelos y también de los hermanos,
no hay mas lágrimas que derramar por aquellos que extrañamos.

Y el gobierno tan tranquilo, por que al que no le toca no siente el dolor humano,
pero si muere un ministro, no faltan sedas para abrigar su descanso.

Pobre aquel que es combatido,
ya sea del lado bueno o sea del lado malo; seres humanos al fín, con los mismos derechos,
nacidos bajo un cielo Colombiano.

Siguen pidiendo paciencia, y no se dan cuenta que esta ya se ha terminado
piden un cese al fuego, y hacen despejes disque para entablar un diálogo...
mientras tanto el Presidente, visita aquel pueblo que ha quedado destrozado
por aquellos que de momento habían prometido respetar a los civiles desarmados.

Pero que podemos hacer,
una vez más las promesas, en el viento han quedado... que puede hacer aquel pueblo
de sobra sabe que la guerra ha comenzado.
Una cosa piensa el Presidente, otra su Ministro y también su Secretario...
pobre mi pobre Colombia, sus pocas alas le han quebrado y arrancado.

Deseo que la llamada PAZ, sea un hecho consumado, y no tan solo palabras en un papel estampado.


CON MUCHO CARIÑO PARA MI PAIS COLOMBIA QUE TANTO QUIERO.

MARIA.

RESCATE EN LAS SELVAS DE BORNEO




Era una de esas temporadas en que todos estamos alertas al aviso de algo importante. Mi comando trabajaba firmemente y a la par, todos los días a las cinco de la mañana iniciábamos nuestro entrenamiento habitual. Pertenezco a un grupo especial del ejército colombiano, nuestro trabajo consiste en rescate de secuestrados dentro y fuera del país. Bajo el mando del general Contreras, hemos realizado misiones casi imposibles en donde han caído muchos de mis mejores hombres de combate.
Mi nombre es Lorenzo, con rango capitán del ejército colombiano… cuento con Renzo: teniente y Richi: sargento; Cinco soldados profesionales, entrenados en rescate y supervivencia.

Estando en pleno entrenamiento fui llamado de urgencia a la oficina del General Contreras, se me hizo un poco raro su llamado, pues cada vez que lo hacía era por simple causa de dar información de mi comando. Acudí rápidamente a su llamado; me di vuelta y miré a Renzo y Richi, haciéndoles un gesto de alerta y atención.
Mi General se encontraba recostado en un gran sillón giratorio, captó mi mirada y levantó la vista. Se encontraba algo agitado, su cara era de preocupación.
-Firme lo salude: ¿Buenos días mi General, me mando usted llamar?
- Sí, Capitán Lorenzo; pase y tome asiento.
- Ha sucedido algo inesperado, se trata de mi hija Claudia…usted sabe capitán que ella es misionera en las selvas de Borneo, enseña nuestras costumbres y nuestro idioma a las tribus de cierta parte de Borneo en donde habitan pequeños seres conocidos como Pigmeos.
- Pero que pasa General con su hija Claudia?...
- Capitán Lorenzo, mi hija ha desaparecido misteriosamente hace ya dos semanas, no he vuelto a tener comunicación con ella; según investigaciones que he realizado, fue raptada por una tribu salvaje de Borneo.
- Su comando tiene inmunidad y puede salir del país, por lo tanto quiero que lo antes posible viajen a la isla y me traigan a mi hija con vida. – Ustedes son el mejor comando élite que tenemos y confió en sus estrategias de rescate.
-Bueno mi General, parece que tenemos una gran misión en nuestras manos; tendré que comunicárselo a Renzo y Richi, arreglar algunos papeles, un buen equipaje con todo lo necesario…dar instrucciones a mis soldados. ¡General! Cuente con nosotros y deséenos suerte en nuestro difícil trayecto.

Me despedí del General Contreras con un apretón de manos y salí de su despacho, directo al campo de entrenamiento en donde se encontraban los demás. El teniente Renzo y el sargento Richi van a mi encuentro; les comento lo sucedido; nuestros soldados esperan alguna comunicación nuestra. Sabíamos que esta misión no era fácil, y así se los hice saber a todos…no sabíamos que nos esperaría en aquellas selvas desconocidas para nosotros y tan lejos de casa. Pero nuestra decisión estaba tomada y ante todo defendíamos la confianza que depositaba en nosotros el General, nuestra prioridad en el momento era la hija del General Contreras.
No conocíamos mucho de aquella isla. Lo primero fue bajar mucha información de ella… saber de su clima, de su vegetación, de su fauna y su gente. Era una isla con selva virgen, difícil de penetrar, terrenos pantanosos; una temperatura alta, un clima de humedad… una isla con gran inestabilidad geológica, por pertenecer “al cinturón de fuego del pacífico” en donde abundan los terremotos y los volcanes.
Conociendo algo de Borneo, empezamos a organizar el viaje, nuestros soldados tenían dos días para despedirse de la familia, era una costumbre de todos, pues nuestras vidas dependían de nosotros mismos.
Habían pasado tres días, había llegado el momento de la partida. Todos estábamos preparados a cumplir con un deber humanitario. 
Uno de los soldados dice: - “Capitán, señor, no se preocupe… nadie ha muerto jamás por las consecuencias de una misión”. Todos celebramos el comentario, luego vino un silencio que pareció dibujar en el cielo lo que vendría.
Dos días nos habíamos tomado para llegar al sitio indicado. Las selvas de Borneo, parecían inocentes a los ojos de nosotros, pero la realidad era otra.
Ya en tierra, en la base militar de Borneo, pudimos observar el espesor de la jungla, a simple vista impenetrable… demasiado peligrosa.
Aquella noche la dedicamos a preparar las armas, el equipaje y medicamentos de toda clase y para toda especie animal, todo un equipo de medicinas. A las cinco de la mañana iniciaríamos la marcha.
Me dirigí a todo el comando, impartí algunas órdenes y noté en sus rostros algo de temor.
Richi, Renzo y Yo, los tres al frente de la misión, nos sentíamos orgullosos de la posición que ocupábamos cada uno… de nuestra independencia lograda por el esfuerzo de muchos años de trabajo y buenos resultados. Iniciamos la marcha… caminamos por espacio de cinco horas, teníamos que llegar a una aldea habitada por una tribu de seres muy pequeños, según descripción de muy baja estatura pero amigables con los turistas. Allí descansaríamos; obtendríamos información sobre la misionera Claudia.
Media hora después localizamos la aldea, fuimos recibidos por personitas muy amigables y serviciales, nos ofrecieron alimento y muchas bebidas. Nos hicieron pasar a unas chozas con muchas hojas en el piso las cuales servían de colchón. Rendidos caímos sobre ellas en un profundo sueño. Serían las cinco treinta de la mañana cuando un ruido interrumpió mi sueño, de un salto me puse en pie y desperté a los demás; era un pequeño hombrecito que en instantes desapareció entre la maleza. 
- Capitán… ¿Qué hacemos ahora? Preguntó Renzo.
- Teniente Renzo, empecemos a interrogar a los jóvenes de la tribu.
Guardé silencio, sabia que nuestra clave estaba en aquel ser que horas antes me había despertado. 
Levanté mi gorra mugrienta, observé a todo el comando ordenándoles se quedaran en la aldea haciendo averiguaciones mientras nosotros lo hacíamos por otro lado; el teniente Renzo y el sargento Richi me siguieron en silencio… los soldados salieron a cumplir con la orden impuesta. 
Llegamos a un sitio espeso por la maleza, impenetrable…por un momento sentí la presencia de alguien que nos seguía con mucha curiosidad; nuestras armas y nuestro uniforme lo asustaba; Renzo y Richi lo observaban y lo seguían a cierta distancia, no sabíamos si estaba solo o con muchos más. 
Un grito me puso en alerta… era el sargento Richi, corrimos al sitio donde se encontraba, se había asustado al tropezar de repente con una gran calavera que sostenía sobre ella al hombrecito que nos estaba siguiendo. ¡Pero que demonios es esto! Bajen a este hombrecito de ahí y vamos a ver que es lo que sabe.
Empezamos a interrogarlo; nuestra sorpresa fue mayor al darnos cuenta que hablaba perfectamente nuestro idioma, eso nos facilitó las cosas. Nos habló de la misionera Claudia, ella le había enseñado el idioma, confirmamos que había sido raptada por la tribu “Ojos de tigre”, salvajes y despiadados con sus prisioneros, los cuales eran utilizados en sacrificios a su dios, llamado el dios garra. Nos hizo saber que teníamos tres o cuatro días para rescatarla con vida, o sería devorada viva por toda la tribu y algunas de sus partes serían ofrecidas como ritual a su dios.
Nos enseñó la forma de llegar al sitio en donde habitaban no sin antes advertirnos de todos los peligros a los que estábamos expuestos de ahora en adelante. 
De regreso a la choza fuimos trazando el camino a seguir en las próximas horas; nuestros soldados tomaron nota de cada una de las instrucciones allí dadas. Preparar nuestro viaje era lo primero, nos esperaba lo desconocido pero contábamos con todo lo necesario para realizar la misión.
Preparados y bien alimentados, seríamos guiados por aquel pequeño hombrecito hasta cierto punto en donde tendríamos que continuar la marcha por nuestra cuenta.
Mientras tanto en Bogotá, Colombia, el General Contreras esperaba noticias del comando y de su hija Claudia. 
******** Las selvas de Borneo eran extensas; nos abríamos paso entre la maleza cortando ramas, pequeños árboles, palos y enredaderas que se cruzaban a nuestro paso. De esta forma podíamos avanzar.
Entre más avanzábamos, el peligro era inminente. 
Seguíamos instrucciones al pie de la letra, aquellas dadas por el hombrecito de la tribu. Cuántas horas habían pasado, no sabíamos con certeza, seguramente muchas. Levantábamos nuestras cabezas para tomar el poco sol que penetraba por entre los árboles.
Le ordené a mi comando tomar un descanso, tiempo que aprovecharíamos para comer algo, luego continuaríamos pues contábamos con poco tiempo. Formando un círculo nos sentamos sobre la maleza. 
¿Dios mío que es eso? Era el sargento Richi que se ponía de pie y nos mostraba la maleza; algo se movía con mucha rapidez hacia nosotros. Tomamos nuestras armas y todos en posición apuntábamos hacia el objetivo. 
¡Capitán Lorenzo! Es una Anaconda y de las grandes, informó uno de los soldados; viene dispuesta a cazar una presa, se nota que está hambrienta. ¡Vaya que era de las grandes!, el ruido de los disparos despertó a todas las aves que salieron volando de entre las ramas de los árboles y el cielo se cubrió de ellas, eran tantas y de variadas especies que formaban un gran manto de variados colores.
Después de nuestra primera aventura, nos deshicimos de aquella anaconda, pero tomamos algunas fotos para el recuerdo; a pesar de nuestra primera sorpresa, nos quedamos allí. Nuestra primera noche en las selvas de Borneo, pero firmes en nuestra misión.
Aquella noche me vinieron a la mente muchas cosas, recordé algo de todos nosotros, de Renzo, de Richi, compañeros de toda la vida… amigos en las buenas y en las malas. Habían terminado conmigo el bachillerato y habíamos ingresado al ejército por voluntad propia. Soñábamos con grandes aventuras en donde el peligro estuviera presente, con misiones difíciles, en donde siempre fuéramos héroes. Nuestra pasión por la institución pronto nos llevó a obtener grandes avances hasta alcanzar lo que ahora somos.
Pertenecemos a familias sencillas y nobles, de buenas costumbres, de buenos sentimientos. Todo lo habíamos logrado juntos y recibido las mejores calificaciones de nuestros superiores; las medallas de honor siempre colgaban de nuestro uniforme. Dispuestos en todo momento.
A las cinco de la mañana mi comando ya estaba en pie. Tomamos un café bien cargado; mis soldados preparaban los morrales, una vez más iniciábamos la marcha. Un día era lo dispuesto para llegar a las montañas picudas; preparados para nuevas sorpresas. Aquellas montañas, nos acercaban al sitio en donde habitaban los Ojos de Tigre. 
-¡Soldados, emprenderemos un viaje a la oscuridad sin saber lo que nos espera! ¡Sabemos que este rescate es diferente a todos los que hemos realizado, quiero que se cuiden unos a otros, vigilen sus espaldas, en caso de peligro ocúltense en los árboles y la maleza que les ofrece esta selva, que al finalizar el día estemos celebrando la victoria! …
Todos guardamos silencio, teníamos lo que todo grupo debe tener; confianza y seguridad en nosotros mismos. Dispuestos a luchar por una causa que no nos pertenecía pero que al final nos daba satisfacción por el deber cumplido.
Iniciamos la marcha, nos quedaba por cruzar el Gran cañón de las serpientes; no teníamos información de aquel sitio, solo que era muy peligroso, cruzado por un gran río lleno de animales que desconocíamos. Pocos habían logrado pasar.
Después de dos horas de marcha, apareció ante nosotros el gran cañón, era extenso, formaba una gran serpiente que parecía no tener fin. Dos soldados se acercaron… ¡capitán! Cruzaremos primero, cualquier novedad se la aremos saber.
Los dos soldados desaparecieron bajo aquellas grandes rocas llenas de agua y peligros. Los demás esperaríamos a la entrada del cañón. Sólo había una entrada y una posible salida, lo que hacía más difícil cruzar pues estaríamos expuestos a todos los peligros sin poder protegernos. Miré el reloj, una hora había pasado, los soldados no regresaban. Renzo y Richi notaron mi preocupación, decidimos entrar todos al tiempo. Era asombroso aquel sitio, salían serpientes de todos lados, escorpiones y otros animales desconocidos para nosotros. Prendimos unas antorchas y el fuego espantaba a las serpientes como a los demás animales; no podíamos utilizar armas pues causaríamos un deslizamiento de tierra y rocas. Había partes demasiado estrechas y algunas eran amplias que nos permitían avanzar con rapidez.
Vimos una gran caída de agua y corrimos hasta allí, este sitio era espacioso, pudimos tomar agua fresca y limpia. Aquel río parecía devorarnos, cualquier movimiento en falso y caeríamos a sus aguas rápidas.
Escuchamos pasos; alguien nos llamaba, eran nuestros soldados; nos habían visto y sabía que la salida estaba cerca.
Apuramos el paso, pero algo se movía a espalda de los soldados, era algo muy grande y se movía rápido; los soldados no notaban su presencia. Renzo y Richi, tomaron sus armas lo mismo hicieron los soldados, dispuestos a disparar contra lo que fuera. Nuestros soldados no se daban cuenta del peligro en que estaban. Aquello avanzaba rápidamente, tenía forma de un cocodrilo gigante; sabíamos del peligro que corríamos todos y sin embargo empezamos a disparar contra aquella cosa. Uno de los soldados había sido atrapado, el otro disparaba su arma sin causarle daño alguno, en segundos devoró al soldado… el otro soldado se defendía como podía, de pronto cayó al río y desapareció en sus aguas; aquella bestia lo siguió y desapareció junto con él en aquellas aguas rápidas. Llegamos a la orilla y vimos que el soldado continuaba con vida, le disparaba con todo a aquel animal que parecía no sufrir daño alguno. ¡Soldado! Le grité, utilice esto… levanté el arma más poderosa que teníamos y se la lancé con todas mis fuerzas, el soldado la cogió en el aire y sin perder segundo disparó contra aquella bestia que voló en pedazos dejando aquellas aguas teñidas de color rojo, en todo aquel sitio habían partes regadas del animal. Todos quedamos en suspenso, luego la luz de una salida nos hizo reaccionar. Sacamos al soldado sin sentido por el estallido del arma, recuperamos el arma y la del soldado, a los pocos minutos volvió en sí… corrimos a la salida. Todo había pasado tan rápido, como un mal sueño.
Lamentamos lo sucedido a nuestro soldado y amigo. Una gran cruz hecha por todos fue dejada sobre aquellas montañas en honor a nuestro compañero caído, sobre aquella cruz su placa y algunos mensajes de los demás soldados. Su muerte nos causó un gran dolor, le dejamos nuestras oraciones. ¿Cuántos más perderíamos la vida? Teníamos que continuar con la misión y aún no había comenzado.

Aquel gran cañón nos había cobrado un precio muy alto; preocupados, tristes, agotados; nos hacía falta nuestro soldado, estábamos fuera de si. Sobre la maleza húmeda, tendidos sobre ella, descansamos un rato. Veía el cielo y dibujaba el camino perfecto, en donde el peligro no tenía cabida; decidimos continuar.
Pasadas unas horas divisé a lo lejos las montañas, ¡nos estamos acercando a las montañas! Les dije sin mirar atrás… sabía que lo peor estaba por llegar; Renzo, Richi y los soldados tomaron posiciones; miraban con recelo aquellas montañas. ¡Vaya que si eran raras aquellas montañas! Debido a la forma en que terminaba cada una; en un gran pico que parecía abrirse para recibirnos en su interior.
Me dirigí a ellos: ¡Bueno amigos! Aquí comienza nuestra misión. A las 15 PM. Iniciamos el ascenso, el silencio fue nuestra compañía; sobre las 17 PM. Logramos cruzar sin ningún problema. Ahora buscaríamos un sitio seguro en donde pasar la noche, pues teníamos que alimentarnos, consumir mucho líquido y algo sólido. Hacia las cuatro de la mañana llevaríamos a cabo el rescate. Aquella selva nos ofrecía su luz natural, la de una gran luna que parecía vigilarnos en todo momento, podíamos ver todo sin dificultad. Para protegernos de los animales, decidimos que lo mejor era subir a los árboles; sus ramas eran muy tupidas y nos permitía acomodar morrales y mantas fácilmente. 
Aquella brisa, suficiente como para que toda la noche no fuera sofocante… hacia las tres treinta de la mañana, algunas aves me despertaron; llamé a los demás, el momento esperado llegaba y rogaba a Dios nos iluminara para salir con bien de esta. Renzo y Richi daban las últimas instrucciones a sus soldados. El paisaje parecía iluminado por una luz difusa que realzaba su maravillosa vista color verde. En una pequeña laguna que rodeaba el lugar, nos bañamos rápidamente, el agua era tibia y pura… tan cristalina que podíamos ver los pequeños peces que asustados se escondían entre las pequeñas rocas del fondo ó entre las plantas que flotaban dejando ver sus raras hojas en forma de sierra. 
Listos, con nuestros uniformes limpios, con nuestras mejores armas, iniciamos nuestra gran misión; la entrada a la aldea de los “ojos de tigre” no era fácil, y no teníamos idea de cuantos podrían ser. 
Una hora de camino… luego ante nuestros ojos la aldea.
Parecía que todos dormían, el reloj marcaba las cinco de la mañana; dos Ojos de tigre vigilaban. Tres de nuestros soldados ingresaron por diferentes puntos. Lo primero era saber el sitio exacto en donde tenían a la misionera Claudia, los soldados se encargaban de eso y luego darían aviso a los demás. Unos minutos después ya habíamos localizado nuestro objetivo. Dormía sobre un gran manto de hojas vigilada por tres Ojos de tigre; uno de ellos pareció escucharnos y salieron de la choza dejando por un momento sola a la misionera Claudia, segundos que utilizamos para entrar en la choza y tratar de sacar a la misionera. Pero habían dado aviso a los demás y salían de todas partes con grandes lanzas, flechas y otras armas que no alcanzábamos a ver muy bien. ¡Eran demasiados! Pero la diferencia estaba en nuestras armas. La misionera Claudia se encontraba atada a un gran tronco, lo cual dificultaba la salida rápida. Había despertado, sorprendida preguntaba: ¿Qué pasa? ¿Quiénes son ustedes? No había tiempo para explicaciones, tan solo que habíamos venido a rescatarla por orden del General, su Padre para llevarla de vuelta a Colombia.
El enfrentamiento con los Ojos de tigre, era impresionante; de todas partes disparaban flechas que pasaban muy cerca de nosotros. Claudia había sido liberada por el soldado, se protegían de lanzas y flechas… en ese momento Richi se unía a ellos para que pudieran salir hacia la espesa selva.
¡Soldado, saque a la misionera Claudia, yo lo cubro! Dos soldados más llegaron a colaborarle. La misión de este soldado, era sacar a Claudia hasta llegar a la entrada del gran cañón en donde estarían a salvo. Los demás continuábamos el enfrentamiento con los Ojos de tigre, eran demasiados, nuestras armas eran poderosas y sin embargo resistían a ellas sin debilitarse. Nosotros éramos pocos, estábamos en desventaja. Aunque teníamos a la aldea a nuestro alcance, no podíamos perder ni un segundo. Lo único que nos quedaba era lanzar las granadas que acabaría con muchos de ellos, nuestras ubicaciones eran correctas y así tendría que ser nuestra salida. Renzo y Richi ya informados de la liberación de la misionera Claudia, me lo hacían saber; pero el problema estaba en que nosotros continuábamos dentro de la aldea y en inminente peligro. Dos soldados más habían salido hacia el cañón para proteger a Claudia y al soldado que se encontraba con ella… era por simple precaución de evitar alguna sorpresa desagradable.
Solo un soldado se encontraba con nosotros; le ordené me cubriera mientras corría hacia los árboles más cercanos, Renzo me acompañaba, pero no veíamos a Richi, eso me preocupaba. 
¡Soldado, deje de disparar y corra hacia nosotros! Le ordené.
Empezó a correr hacia los árboles, pero no alcanzo la protección de aquellos… fue alcanzado por dos flechas que atravesaron su espalda. Se escucharon unos disparos, vi a Richi que daba de baja a los dos Ojos de tigre que minutos antes atravesaran con sus flechas la espalda del soldado.
Varios más lo seguían. Corríamos protegiéndonos con los árboles, se escuchaba el silbido de las flechas, algunas quedaban en las ramas de los árboles y en sus troncos. Decidimos arrojar las granadas, fueron muchas las que lanzamos contra aquellos salvajes, al primer estallido volamos por los aires y no supimos más de nosotros. Una gran oscuridad nos cubrió. Cuánto tiempo pasó… ¡No sé!...

Comencé a levantarme lentamente. Me di cuenta que todos estaban bien. Todos me miraban en silencio.
Escuché una voz de mujer que se dirigía a mi; ¡Capitán como se siente! Parece que recibió un impacto muy fuerte.
¡Procure no moverse con brusquedad! Y no se preocupe, estamos a salvo. Todo se oscureció a mí alrededor, desperté hasta el otro día. A la mañana siguiente, no tenía una parte de mi cuerpo que no me doliera; pero teníamos que regresar a la aldea de los pigmeos. La misionera Claudia era una mujer muy hermosa, resaltaba su brillante cabellera dorada, unos ojos verdes como aquella selva, un esbelto cuerpo bronceado por el sol. Su educación sobresalía hasta en su forma de caminar. Nos contó muchas cosas de Borneo; como había sido raptada por los ojos de tigre, lo que aquellos salvajes le hacían a otros indios, se los comían en sacrificios que hacían a su dios. Nos enseñó otros caminos de salida, en donde teníamos que evitar los pantanos y las arenas movedizas.
De regreso, dejé escapar un grito triunfal; unas lágrimas rodaron por mis mejillas en honor a mis dos soldados, compañeros y amigos. Cruzamos un estrecho camino, una hermosa pradera apareció ante nosotros; estaba oscureciendo pero la aldea de los pigmeos estaba cerca. Claudia era una gran guía, la alegría se le veía en su cara pues vería de nuevo a sus amiguitos los pigmeos a los cuales protegía y enseñaba nuestras costumbres. 
Richi dijo: ¡Tenemos que avisarle al General Contreras que la misión ha sido un éxito, que su hija está con nosotros! Pero Claudia le respondió: ¡tan pronto lleguemos a la aldea hablaré con Papá! Ustedes no se preocupen, ahora van a descansar. Divisamos a lo lejos la aldea de los pigmeos, por primera vez descansaría sin preocupaciones.
Volveríamos a Bogotá – Colombia- lo antes posible,
Al despertar en la mañana, me quedé escuchando la celebración que tenían los pigmeos; al moverme, tropecé con Claudia que dormía a mi lado; la observé un rato, acomodé su almohada y salí de la choza. Frotándome los brazos activé mi circulación. Miré hacia el cielo, era un feo amanecer, una tupida y oscura bruma ocultaba las pocas nubes. El aire caliente permanecía pegado a la tierra, no había ninguna clase de brisa que lo levantara y ese ambiente cargado me hacía picar la piel. Renzo y Richi, al verme salir me dijeron: ¡Capitán, va a cambiar el tiempo! ¿Qué pasará ahora? ¡Los helicópteros están por llegar y dudamos que puedan ingresar hasta aquí con esta bruma tan fuerte que se presenta! Estamos demorados en la salida.
¡Señores, vamos a tener que esperar con paciencia, pronto el viento disipará la bruma y las nubes se aclararán! Mientras tanto vamos a tomar algo de alimento!... ¡Como usted diga capitán! Esperaremos. 
Los pigmeos habían organizado unas danzas para darnos la despedida. Recorrimos toda la aldea, la calma reinaba en todo el ambiente; los pigmeos danzaban a nuestro paso y se despedían inclinando la cabeza.
¡Buenos días! Saludó Claudia, ¡que sensación tan agradable la que siento ahora! Pero también siento una gran tristeza.
Claudia se despedía de todos y todos la abrazaban con tanto cariño, las lágrimas rodaban por las mejillas de Claudia. Se negaba tener que dejarlos después de tanto tiempo de haber convivido con ellos. Después de esta emotiva despedida, penetramos en la selva una vez más… llegaríamos a la pradera en donde nos esperaban los helicópteros, estos nos llevarían a la base principal de Borneo. Allí abordaríamos el avión privado del ejército hacia Bogotá – Colombia. 
El General Contreras nos esperaba en el aeropuerto militar.
Mis soldados festejaban la buena misión realizada y a la vez lamentaban lo sucedido a sus compañeros. Lo más doloroso era haber tenido que dejarlos en aquellas tierras extrañas. Lejos de su familia que no tendrían a donde llevarle una flor ni una tumba para poder llorar sobre ella.
De nuevo estábamos en suelo colombiano, nos recibieron con honores; el General abrazaba a su hija una y otra vez, la sensación de haberla recuperado era su mayor alegría. Nos agradecía de tantas maneras que nos hacía sentir un poco molestos, nuestro trabajo era ese, la recompensa vendría después. Fue una noche de fiesta, todos contaban la historia a su manera. Renzo y Richi se habían retirado a sus habitaciones. Por mi parte, pasé al General Contreras un detallado informe de todo lo sucedido. Hablé con las familias de los soldados, ver sus rostros me causaba un gran dolor. Tomé dos vasos de whisky con mucho hielo, lo cual me relajó un poco; salí del gran salón a mi habitación, pues descansar sin escapar a mi realidad era lo primordial. 
En la mañana nos volvimos a reunir, tendríamos vacaciones; los soldados viajarían con sus familias a distintas partes y nosotros por nuestra cuenta a donde quisiéramos hacerlo. Claudia nos ofreció su yate privado, era grande y rápido, así que viajaríamos en él.
Iríamos a una isla llamada ST. MARY, perla del océano pacífico, Renzo y Richi van con sus novias.
Ahora, estábamos mar adentro… el deber cumplido me hacía sentir bien. Sentí la suave brisa sobre mi rostro, dos ramos de flores arrojé al mar con el nombre de mis soldados. Las vi desaparecer entre las olas, ahora estaba en paz conmigo y con ellos.

Para todos aquellos que dejan volar su imaginación. 
María Rita.